El gesto es simple, pero el cambio es profundo: abrir el navegador y, en lugar de ver un buscador tradicional, encontrarse con ChatGPT como página de inicio. Eso es exactamente lo que, según un estudio citado por Notebookcheck, ya está ocurriendo entre usuarios estadounidenses que pagan por servicios de Inteligencia Artificial. La señal importa porque no describe una preferencia puntual, sino un nuevo hábito: para una parte creciente del público, la web empieza a recorrerse desde un asistente conversacional, no desde una barra de búsqueda.
La investigación —publicada por la empresa británica de pagos Bango junto a la firma 3Gem— se realizó con datos de 2.000 usuarios de pago en Estados Unidos en octubre de 2025. Su conclusión central es que la Inteligencia Artificial ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en “infraestructura digital esencial” para muchos de los que ya pagan por estas herramientas. El fenómeno se aprecia en el comportamiento de búsqueda: una mayoría de suscriptores de ChatGPT, según el artículo, lo ha configurado como homepage del navegador, desplazando a motores como Google, Bing o DuckDuckGo. En el móvil, el patrón se repite con widgets y accesos directos a asistentes que pasan a ocupar el espacio que durante años fue del buscador y su caja de texto.
Una suscripción más importante que el entretenimiento
El dato que mejor captura el momento no es técnico, sino económico. El estudio describe una cartera de herramientas de IA que, de media, cuesta 66 dólares al mes. Y la cifra no se entiende aislada: el propio informe sitúa el “límite de presupuesto” reportado por los usuarios en 72 dólares, lo que deja un margen mínimo para subidas de precio o para sumar más servicios sin recortar por otro lado.
Esa tensión se traduce en prioridades explícitas. Según Notebookcheck, más del 60 % de los encuestados se mostraría más dispuesto a cancelar sus suscripciones de vídeo en streaming que a renunciar a su asistente de IA. La lectura para el mercado es contundente: la IA se está posicionando como una suscripción de productividad —y, por tanto, “defendible” en el presupuesto mensual— incluso por encima del ocio.
Bango refuerza el mismo argumento en sus comunicaciones: el gasto medio se reparte entre varias herramientas y, en muchos casos, compite de tú a tú con categorías tradicionales del consumo digital. En un contexto donde la inflación de suscripciones ha sido una constante (música, vídeo, almacenamiento, juegos, productividad), la IA entra como un nuevo “impuesto” mensual, pero con una narrativa distinta: ahorrar tiempo, mejorar resultados, automatizar tareas.
“Subscription cycling”: pagar por etapas para sobrevivir al coste
La consecuencia práctica es que los usuarios empiezan a aplicar tácticas propias de la economía de suscripciones madura. El estudio recoge el fenómeno del “subscription cycling”: altas y bajas rápidas, uso intensivo por periodos cortos y cancelación inmediata para evitar que el servicio se convierta en un coste fijo permanente. No se trata de una rareza; es un síntoma de mercado cuando la disposición a pagar existe, pero el presupuesto es rígido.
El informe añade que un tercio de los encuestados ya considera que los costes son excesivos, lo que coloca presión sobre proveedores y plataformas: o justifican el precio con más valor (mejores modelos, más capacidades, integración real con herramientas de trabajo), o abren vías de entrada más baratas que eviten la fatiga del usuario.
La “super-app” de la IA y el riesgo de perder neutralidad
Más allá del cambio de interfaz, aparece el debate que preocupa a la industria: si el asistente es la nueva puerta de entrada, ¿quién controla el camino? Los participantes del estudio imaginan una especie de “super-app” que no solo responde preguntas, sino que también facilita comprar productos y contratar servicios directamente. Es el siguiente paso lógico: si un chatbot entiende lo que el usuario quiere, el salto a recomendar —y a ejecutar la compra— es tentador.
Pero ese salto también tensiona un principio que hasta ahora se daba por supuesto: la neutralidad del asistente. Notebookcheck recoge la advertencia con claridad: si la IA se convierte en un mercado o un canal de transacción, habrá incentivos económicos para favorecer determinados productos, marcas o proveedores. Y ahí la confianza del usuario —la misma que impulsa a poner ChatGPT como homepage— se convierte en un activo monetizable.
En ese contexto se entiende otro concepto citado en el artículo: el “Super Bundling” que Bango promociona como estrategia. No se presentaría solo como comodidad para el usuario, sino como un mecanismo para reducir la volatilidad del “subscription cycling” y anclar clientes en el largo plazo. Es decir, la batalla ya no es únicamente por el mejor modelo de IA; también es por el modelo de distribución, la retención y el control del canal.
Un mensaje para buscadores, navegadores y todo el ecosistema web
La escena final es una reordenación de poder silenciosa. Si el usuario empieza su sesión con un chatbot en lugar de con un buscador, cambian las reglas de descubrimiento, la publicidad, el SEO y la atribución del tráfico. No significa que Google u otros motores desaparezcan, pero sí que su rol como “primer clic” deja de estar garantizado, especialmente entre quienes pagan por IA y la usan a diario.
Lo más relevante del estudio es, quizá, su carácter de anticipo. No retrata al conjunto de internautas, sino a un segmento que ya ha cruzado una frontera: pagar por IA. Y, en tecnología, ese grupo suele marcar el camino de lo que acaba normalizándose cuando el precio baja y la integración mejora. Si la Inteligencia Artificial ya se instala como página de inicio, el siguiente debate no será si compite con la búsqueda, sino qué tipo de web nace cuando el acceso se intermedia por un asistente.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que ChatGPT sea la “homepage” del navegador y por qué es importante?
Implica que el usuario inicia su navegación desde un asistente de Inteligencia Artificial en lugar de un buscador tradicional. Ese cambio altera cómo se descubren webs, cómo se toma la decisión de “qué visitar” y quién controla el primer punto de contacto.
¿Cuánto gastan de media los usuarios que pagan por herramientas de IA, según el estudio?
El estudio citado sitúa el gasto medio en 66 euros al mes, con un límite presupuestario declarado de 72 euros, lo que deja poco margen para subidas de precio o para sumar más servicios sin recortar en otras suscripciones.
¿Por qué muchos usuarios cancelan streaming antes que renunciar a la IA?
Porque la IA se percibe como una herramienta de productividad y utilidad diaria. En la encuesta, más del 60 % afirma que preferiría recortar entretenimiento antes que perder el asistente.
¿Puede la IA dejar de ser neutral si se usa para comprar productos y servicios?
Sí. Si un asistente pasa a intermediar compras, aparecen incentivos comerciales (comisiones, acuerdos, priorización), lo que puede afectar a la imparcialidad de las recomendaciones y a la confianza del usuario.
vía: notebookcheck.net



