La próxima gran sacudida del software empresarial podría no venir de una nueva plataforma cloud, sino de algo más simple: una persona con un problema concreto, un modelo de Inteligencia Artificial y la capacidad de convertir una necesidad en una herramienta funcional en cuestión de minutos. Esa es la lectura que ha vuelto a encender el debate en la comunidad tecnológica tras una publicación de Tobi Lütke, consejero delegado de Shopify, en la que relata cómo transformó un inconveniente cotidiano —abrir un estudio médico en su Mac— en un visor moderno hecho a medida con ayuda de un modelo de IA.
Según explicó Lütke en X, su resonancia anual le llegó en un USB con los datos, pero el acceso quedaba condicionado por un software comercial exclusivo de Windows. En lugar de instalarlo o buscar alternativas, probó otro camino: ejecutó Claude sobre el propio contenido del dispositivo y le pidió que construyera un visor basado en HTML para explorar el estudio. El resultado, afirmó, “se ve mucho mejor”, y añadió que “con un prompt más” el sistema era capaz de anotar el contenido con los hallazgos del informe. Más allá del caso, remató con una idea que está convirtiendo en doctrina interna: entrenar la intuición para “alcanzar la IA de forma reflexiva” cuando aparece un obstáculo.
Vibe coding: cuando el usuario se acerca demasiado a la solución
Lo que muchos ven en esta historia no es un truco puntual, sino una señal de tendencia. Se está acortando la distancia entre quien sufre el “dolor” y quien implementa la solución, porque el acto de “programar” se desplaza: menos escribir código línea a línea y más describir objetivos, iterar y validar resultados.
Ese fenómeno se ha popularizado bajo el término vibe coding, acuñado por Andrej Karpathy, para describir una forma de desarrollo en la que el usuario guía a un modelo con lenguaje natural y va ajustando el resultado por iteraciones. La etiqueta, que empezó como meme, ya se utiliza en análisis y guías técnicas sobre desarrollo asistido por IA.
Para el ecosistema SaaS, esto plantea una tensión incómoda: parte del software “de nicho” —caro, pesado o excesivamente cerrado— podría empezar a ser sustituido por microherramientas creadas ad hoc. No necesariamente mejores en todo, pero sí “suficientemente buenas” para un caso de uso local. Y, cuando eso ocurre, la propuesta de valor del SaaS se ve obligada a moverse: menos “te vendo el producto” y más “te doy plataforma, seguridad, cumplimiento, soporte y gobierno”.
Qué cambia para administradores de sistemas: la era del “shadow software” se acelera
Para un equipo de sistemas, la historia de Lütke es inspiradora, pero también es una señal de alerta. Si cualquier equipo —o cualquier persona— puede generar una utilidad funcional en horas, el riesgo no es solo técnico: es organizativo.
En los próximos años, muchas empresas verán crecer un nuevo tipo de “shadow IT”: no solo servicios cloud contratados sin permiso, sino software generado por prompts que aparece como respuesta inmediata a un problema operativo. Puede ser un visor, un panel, un script de automatización, un conector o un bot interno. La intención será buena; la trazabilidad, no siempre.
Y ahí es donde el rol del sysadmin cambia: menos “bloquear” y más encauzar. El objetivo pasa a ser crear carriles seguros para que esa creatividad no rompa producción, no filtre secretos y no cree una deuda técnica silenciosa.
Producción no es un demo: seguridad, mantenimiento y responsabilidad
El entusiasmo por el “software instantáneo” convive con un hecho básico: lo que se ejecuta en entornos reales exige controles. Varias voces del sector ya subrayan que el desarrollo asistido por IA acelera prototipos, pero también puede aumentar el riesgo si se despliega sin revisión, pruebas o gobernanza.
Para operaciones, la lista de preguntas que debería activarse antes de poner una herramienta “vibe-coded” en marcha es conocida, pero ahora llega antes:
- ¿De dónde salen las dependencias? (y si quedan fijadas con versiones y hashes).
- ¿Dónde se almacenan credenciales y tokens? (y si existe rotación y mínimos privilegios).
- ¿Qué logs genera y qué datos registra?
- ¿Cómo se actualiza y quién es responsable del mantenimiento?
- ¿Pasa análisis estático, escaneo de dependencias y revisión mínima?
- ¿Hay aislamiento? (contenedores, sandboxing, permisos de red/FS, egress control).
En el ejemplo del visor, el caso es personal y local. Pero el patrón se puede trasladar a entornos corporativos: un LLM puede construir un “panel de incidentes”, un “gestor de inventario”, un “exportador de logs” o un “orquestador de tareas” en una tarde. La pregunta no es si ocurrirá, sino si la organización tendrá un marco para que ocurra de forma segura.
“Reflexivamente”: la cultura cambia tanto como la tecnología
Hay un detalle que vuelve a aparecer: Lütke no presenta la IA como herramienta opcional, sino como hábito. Ya en una conversación pública recogida en 2025, explicó que en Shopify se estableció la expectativa de que la gente “alcance la IA de forma reflexiva” porque, de lo contrario, quienes sí lo hagan concentrarán ventajas profesionales.
Esa cultura —guste o no— está extendiéndose. Y tiene un efecto directo en el mapa de proveedores: el software ya no compite solo contra otros productos, sino contra la posibilidad de que el propio usuario genere una alternativa suficiente, aunque sea imperfecta.
El futuro inmediato: plataformas, no catálogos
Si el “software por prompts” se convierte en norma, el SaaS tendrá que demostrar valor donde más cuesta replicar en una tarde: seguridad, cumplimiento, auditoría, soporte, integraciones, fiabilidad y SLAs. Y, para sysadmins, el reto será permitir velocidad sin perder control: ofrecer plantillas, repositorios, pipelines, entornos de ejecución y políticas que conviertan la improvisación en ingeniería.
El visor del CEO de Shopify es solo una anécdota, pero su fuerza simbólica es evidente: cuando la solución puede nacer en el mismo lugar donde aparece el problema, el ciclo del software cambia. Y con él, la manera de comprar, construir y gobernar tecnología.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el “vibe coding” y por qué preocupa a los equipos de sistemas?
Es un estilo de desarrollo asistido por IA en el que se construyen herramientas describiendo objetivos en lenguaje natural e iterando. Preocupa porque puede disparar la creación de software sin controles estándar de seguridad, pruebas y mantenimiento.
¿Esto significa que el SaaS va a desaparecer en los próximos años?
No necesariamente. Pero sí puede perder terreno en usos de nicho si no aporta valor diferencial en cumplimiento, soporte, integraciones, auditoría y fiabilidad.
¿Qué controles mínimos debería exigir un sysadmin antes de desplegar una herramienta generada con IA?
Revisión básica del código, escaneo de dependencias, gestión segura de secretos, logging controlado, aislamiento (contenedor/sandbox), control de salida a red y un responsable claro de mantenimiento.
¿Qué tipo de microherramientas “por prompts” veremos crecer en IT?
Visores, paneles internos, extractores de datos, automatizaciones de tickets, scripts de diagnóstico, conectores entre sistemas y utilidades específicas para un flujo concreto.
Fuente:
- Publicaciones de Tobi Lütke en X sobre el visor HTML de su resonancia creado con Claude



