La nueva generación de dispositivos ‘AI-first’: qué cambia para usuarios y empresas

Durante la última década, la evolución de los dispositivos ha seguido un patrón más o menos definido: más potencia, mejores cámaras, pantallas más definidas… No obstante, la irrupción de la inteligencia artificial está cambiando el punto de partida para procesar, anticipar y adaptar el uso de los dispositivos en tiempo real.

Este giro ha dado lugar a una nueva categoría: los dispositivos AI-first. Es decir, equipos diseñados para trabajar con modelos de inteligencia artificial como eje central de su funcionamiento, con las implicaciones que conlleva para el usuario como para las empresas.

Del software al hardware: un cambio de paradigma

Hasta hace poco, la mayoría de avances en inteligencia artificial dependían de la nube. El dispositivo actuaba como intermediario: recogía datos, los enviaba a servidores y devolvía una respuesta. Con el desarrollo del edge AI, ese modelo empieza a desplazarse hacia el propio dispositivo.

Esto implica que parte del procesamiento se realiza localmente, por lo que no necesita estar conectado constantemente. El resultado es una menor latencia, mayor privacidad y una experiencia más fluida. Pero también obliga a replantear el hardware.

Los nuevos dispositivos inteligentes integran unidades de procesamiento neuronal (NPU), chips optimizados para realizar tareas de inteligencia artificial. Reconocimiento de voz, procesamiento de imagen, análisis predictivo… En definitiva, funciones que forman parte del funcionamiento del dispositivo.

Qué cambia para el usuario

Desde el punto de vista del usuario, los sistemas se vuelven más contextuales: anticipan acciones, ajustan configuraciones y automatizan procesos sin tener que ser validados. Un móvil, por ejemplo, es capaz de interpretar imágenes para adaptar la configuración a las características de la fotografía. Lo mismo sucede con las funciones de transcripción de voces, capaces de interpretar el tono de la conversación y los participantes para adaptar el texto.

En los equipos informáticos, parte de estas tareas ya no pasan por la CPU o la GPU, sino que se derivan a la NPU. Reconocimiento de imágenes, descodificación de archivos multimedia, generación de subtítulos en editores de vídeo, etcétera. Además, el hecho de que el procesamiento se realice en el propio dispositivo reduce la dependencia de servicios externos.

¿Y para las empresas?

El argumento de la productividad se repite tanto que ya no dice gran cosa. Sí, los dispositivos inteligentes de nueva generación automatizan tareas, pero sus posibilidades tienen más que ver con la soberanía de los datos que con ahorrar clics.

Una empresa que procesa documentos sensibles, gestiona comunicaciones internas o trabaja con datos de clientes tiene razones de peso para preferir que ciertos procesos no salgan del dispositivo. El edge AI es una respuesta a los requisitos legales y de cumplimiento normativo que las administraciones exigen a las empresas en sectores como el financiero, el sanitario o el legal.

Este cambio también se traslada al canal de distribución. Tanto un mayorista de teléfonos móviles como un mayorista de informática empiezan a priorizar dispositivos donde las capacidades de IA forman parte de la propia estructura del producto.

Un mercado en transición

La transición hacia dispositivos AI-first todavía está en una fase inicial, pero apunta a consolidarse en los próximos años. Conforme los modelos de inteligencia artificial se integren en sistemas operativos y aplicaciones, el papel del dispositivo será cada vez más activo.

No obstante, el desarrollo de este tipo de tecnologías no está exento de retos, relacionados en su mayoría con la eficiencia energética, la gestión de datos y la compatibilidad entre plataformas. Pero también abre oportunidades para fabricantes, distribuidores y empresas que sepan adaptarse a este nuevo escenario.

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