IA en la sombra: empleados que usan IA sin decírselo a sus jefes

Casi la mitad de los empleados que usan inteligencia artificial en su trabajo lo hacen sin pasar por los canales que aprueba su empresa. Lo confirmó Akamai en su informe State of the Internet de agosto de 2026, y el dato no es una anécdota: describe una práctica extendida que se conoce como shadow AI, o IA en la sombra, y que lleva ya un par de años instalada en oficinas de todo tipo de sector.

Por qué lo hacen sin avisar

La razón que dan la mayoría de trabajadores es simple: la herramienta no oficial funciona mejor o más rápido que la que les ha dado la empresa, cuando les ha dado alguna. Copian un fragmento de código en ChatGPT para depurarlo, pegan un contrato en Claude para resumirlo o usan una extensión de navegador que promete redactar correos en segundos. Nadie se lo ha pedido, pero tampoco nadie se lo ha prohibido de forma explícita, así que lo asumen como parte de su caja de herramientas particular.

El resultado es una brecha entre lo que el departamento de TI cree que se usa en la empresa y lo que realmente circula por los ordenadores de los empleados. Akamai señala las extensiones de navegador no autorizadas como uno de los puntos ciegos más habituales: se instalan en segundos, piden permisos amplios y casi nunca pasan por un proceso de revisión de seguridad.

Lo que arriesga la empresa

El riesgo no es teórico. Cuando un empleado pega datos de clientes, cifras financieras o código propietario en un modelo de terceros, esa información sale del perímetro que la empresa controla y pasa a depender de las políticas de privacidad de un proveedor externo, que la mayoría de las veces nadie ha revisado.

  • Fuga de datos sensibles: información confidencial que termina en servidores fuera del control de la organización.
  • Errores sin supervisión: resultados generados por IA que se dan por buenos sin que nadie los valide, con el consiguiente riesgo si el modelo se equivoca.
  • Cero visibilidad: el departamento de TI no sabe qué herramientas se usan ni con qué datos, así que no puede evaluar el riesgo real ni negociar mejores condiciones con proveedores.

Esto conecta con un problema más amplio que ya viene de antes: la propia IA está acelerando la forma en que se buscan vulnerabilidades, así que dejar sueltas herramientas sin control añade una superficie de ataque que antes no existía.

Prohibir no funciona

Las empresas que han intentado frenar esto a base de prohibiciones tajantes se han encontrado con que los empleados simplemente dejan de contarlo, no de hacerlo. Un informe reciente sobre adopción de IA en empresas apunta en la misma dirección: comprar licencias no basta si no hay un cambio real en cómo se trabaja, y la prohibición sin alternativa tiene el mismo problema al revés.

Lo que sí parece funcionar, según coinciden varios estudios del sector, es ofrecer una herramienta oficial que compita en comodidad con la que el empleado ya usaba por su cuenta. Si la alternativa aprobada es peor, la gente vuelve a lo de siempre en cuanto nadie mira.

Qué pueden hacer los departamentos de TI

  1. Preguntar antes de prohibir: mapear qué herramientas usa realmente la plantilla ayuda más que una política redactada sin datos.
  2. Dar una alternativa decente: contratar un asistente de IA corporativo con garantías de privacidad, no solo bloquear el resto.
  3. Formar, no solo avisar: explicar qué tipo de datos nunca deben salir de los sistemas internos, con ejemplos concretos.
  4. Auditar extensiones de navegador: son, según Akamai, uno de los vectores de fuga más frecuentes y menos vigilados.

El fenómeno no va a desaparecer porque una empresa lo ignore. Cuantas más tareas cotidianas resuelva mejor una IA que el proceso oficial, más empleados seguirán tomando el atajo por su cuenta, y la pregunta que le queda a cada organización no es si esto ocurre, sino si va a tener visibilidad sobre ello o no.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la IA en la sombra o shadow AI?

Es el uso de herramientas de inteligencia artificial en el entorno laboral sin que pasen por la aprobación ni el control del departamento de TI de la empresa.

¿Qué porcentaje de empleados usa IA sin autorización?

Según el informe State of the Internet de Akamai (agosto de 2026), casi la mitad del uso de IA en entornos empresariales elude los controles de seguridad corporativa.

¿Cuál es el mayor riesgo del shadow AI?

La fuga de datos sensibles hacia proveedores externos cuyas políticas de privacidad la empresa no ha revisado, junto con la falta total de visibilidad sobre qué herramientas se usan.

¿Sirve de algo prohibir el uso de IA no autorizada?

Rara vez. Las prohibiciones sin alternativa suelen empujar el uso a la clandestinidad en vez de eliminarlo, según coinciden varios informes del sector.

¿Qué extensiones de navegador son más problemáticas?

Las que piden permisos amplios de acceso a datos de navegación y no pasan por ningún proceso de revisión de seguridad antes de instalarse, un punto ciego habitual según Akamai.

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