Amazon endurece el control sobre la IA tras varios fallos en su tienda online

Elena Digital López

Amazon ha tenido que salir a matizar una de las historias tecnológicas más comentadas de la semana. La compañía reconoce que en sus últimas incidencias internas hubo, al menos en un caso, uso de herramientas de Inteligencia Artificial asistiendo a un ingeniero, pero niega que una oleada de caídas en su negocio se deba directamente a “código escrito por IA”, como llegó a interpretarse en parte de la cobertura inicial. Lo que sí ha quedado claro es otra cosa: el gigante del comercio electrónico ha detectado problemas de fiabilidad en su plataforma y ha tenido que revisar cómo se está utilizando la IA en los flujos de desarrollo.

La polémica estalló después de que el Financial Times informara de una reunión interna de ingeniería en Amazon para revisar una cadena de incidentes con “alto radio de impacto” en su negocio minorista. La información apuntaba a cambios asistidos por IA y a un deterioro reciente en la disponibilidad del sitio. En paralelo, la semana pasada Amazon sufrió una caída importante de su web y de su aplicación de compras en Estados Unidos que duró cerca de seis horas y que la propia empresa atribuyó a una “implementación de código de software” fallida. Para una compañía que vive de la continuidad operativa, ese contexto bastó para encender todas las alarmas.

Qué ha pasado realmente dentro de Amazon

La parte más relevante de esta historia no está en el titular más llamativo, sino en los matices. Amazon publicó después una corrección oficial en la que rechaza varias de las interpretaciones difundidas tras el artículo del Financial Times. Según la empresa, solo uno de los incidentes recientes tuvo relación con herramientas de IA, y en ese caso concreto el origen no fue “código escrito por IA”, sino que un ingeniero siguió una recomendación incorrecta generada por una herramienta que había inferido información errónea a partir de una wiki interna desactualizada.

Ese detalle cambia bastante la lectura del caso. No se trataría, por tanto, de una IA generando por su cuenta cambios catastróficos en producción, sino de una cadena de supervisión insuficiente en torno a una sugerencia errónea presentada por una herramienta asistida por IA. Amazon insiste además en que los incidentes revisados pertenecían a su infraestructura de tiendas y no a AWS, algo importante porque una parte de la conversación pública empezó a dar por hecho que también su negocio cloud había entrado en esa misma espiral.

La empresa también niega que haya implantado un nuevo régimen general de aprobaciones especiales solo por trabajar con IA, al menos en los términos en los que se difundió inicialmente. Lo que sí admite es que ya ha actualizado su guía interna para evitar que se repita un caso parecido. Es decir, Amazon no está diciendo que vaya a retirar la IA de sus flujos de desarrollo, pero sí que ha detectado que el uso de estas herramientas necesita límites, contexto actualizado y una supervisión mucho más fina.

Amazon no abandona la IA, pero sí corrige el rumbo

Por eso resulta exagerado hablar de una “marcha atrás” total, aunque también sería ingenuo presentar lo ocurrido como una simple anécdota sin importancia. Lo que refleja este episodio es que Amazon, como tantas otras grandes tecnológicas, está descubriendo en tiempo real dónde están los riesgos de introducir asistentes de IA en tareas de ingeniería que afectan a sistemas críticos.

La promesa de estas herramientas es conocida: más velocidad, mayor productividad, menos tiempo perdido en tareas repetitivas y una supuesta mejora en la seguridad y la calidad del software. El problema aparece cuando esa aceleración se produce en entornos complejos, con dependencias heredadas, documentación desigual y sistemas tan grandes que un error aparentemente pequeño puede propagarse con enorme rapidez. En una plataforma como Amazon, donde un fallo puede afectar a precios, pagos, pedidos o cuentas de usuario, el margen para equivocarse es mucho menor que en un entorno de desarrollo aislado.

La propia caída del 5 de marzo fue un recordatorio bastante claro. Reuters recogió que el problema llegó a afectar a miles de usuarios en Estados Unidos y que Amazon lo vinculó a un despliegue de código defectuoso. Los usuarios reportaron problemas para completar compras, consultar precios o acceder a información de sus pedidos. Aunque la empresa restauró el servicio en pocas horas, el episodio dejó en evidencia que incluso un gigante con una de las infraestructuras más sofisticadas del planeta no está a salvo de errores operativos con un gran impacto comercial.

En ese contexto, la corrección oficial de Amazon parece buscar dos objetivos al mismo tiempo. Por un lado, frenar la idea de que la IA ha causado por sí sola una cadena de fallos “desastrosos”. Por otro, evitar que el debate se convierta en una impugnación general de la estrategia de automatización. La compañía no renuncia a la IA. Lo que está haciendo, al menos por ahora, es afinar el control, corregir procesos internos y recordar algo que muchas empresas están aprendiendo a base de incidentes: una herramienta de IA puede acelerar el trabajo, pero no sustituye por sí sola el criterio de ingeniería ni la validación de cambios en sistemas críticos.

El problema no es solo la IA, sino cómo se gobierna

Este episodio también deja una lección más amplia para la industria. En 2026, la cuestión ya no es si las grandes compañías usan Inteligencia Artificial para programar, revisar o documentar código. Eso ya ocurre. La cuestión de verdad es cómo se gobierna esa capa nueva de automatización. Qué permisos tiene, qué fuentes consulta, qué contexto maneja, qué verificación humana exige y cómo se evita que una respuesta plausible, pero equivocada, termine convertida en una decisión operativa real.

Amazon no es la única empresa que se enfrenta a este dilema. Las herramientas de programación asistida por IA están entrando en el flujo diario de miles de equipos de software, y su adopción se acelera porque prometen una ventaja competitiva inmediata. Pero cuanto más crítica es la infraestructura, más visible se vuelve el coste de una mala recomendación, de una documentación obsoleta o de una falsa sensación de seguridad.

También conviene no perder de vista el momento corporativo en el que llega todo esto. Reuters informó en enero de que Amazon confirmó 16.000 recortes corporativos, culminando un plan de alrededor de 30.000 salidas desde octubre. La empresa rechaza que esos ajustes hayan deteriorado su fiabilidad técnica, pero el contexto de presión por eficiencia, simplificación y automatización ayuda a entender por qué la IA se ha convertido en una herramienta tan estratégica dentro del grupo.

Al final, la noticia no es que Amazon haya descubierto de repente que la IA “es un error”. La realidad es más compleja y, probablemente, más interesante. Amazon está comprobando que introducir Inteligencia Artificial en el desarrollo de software puede aumentar la productividad, sí, pero también amplifica los efectos de un mal proceso si no hay controles suficientes. No hay una retirada total. Hay un ajuste de rumbo. Y en una empresa de este tamaño, ese matiz lo cambia todo.

Preguntas frecuentes

¿Amazon ha reconocido que la IA provocó todas sus últimas caídas?

No. Amazon ha negado que varias caídas recientes fueran causadas por “código escrito por IA”. Según su corrección oficial, solo uno de los incidentes implicó herramientas de IA, y en ese caso el problema estuvo relacionado con una recomendación incorrecta basada en información interna desactualizada.

¿Qué pasó en la caída de Amazon de marzo de 2026?

Amazon confirmó que la interrupción que afectó a su web y su app de compras en Estados Unidos estuvo relacionada con una implementación de código de software. La incidencia duró cerca de seis horas y afectó a funciones como compras, precios y acceso a pedidos.

¿AWS también estuvo implicada en estos problemas por IA?

Amazon lo niega expresamente. La compañía asegura que los incidentes revisados en esa reunión interna correspondían a la infraestructura de su negocio minorista y no a Amazon Web Services.

¿Amazon ha dejado de usar Inteligencia Artificial para programar?

No. Lo que ha hecho es corregir y endurecer parte de su guía interna tras detectar riesgos en el uso de estas herramientas. Amazon no ha anunciado una retirada completa, sino una revisión de cómo se aplican en sistemas sensibles.

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