Crece la polémica en torno al respeto a los derechos de autor en la era de la IA. Escritores reclaman al Gobierno británico una respuesta firme tras revelaciones sobre el uso de obras protegidas en el entrenamiento del modelo Llama 3 de Meta.
La Society of Authors del Reino Unido ha solicitado una intervención urgente del Gobierno británico ante el uso no autorizado de obras literarias en el desarrollo de inteligencia artificial. La denuncia, respaldada por reconocidos autores como Kazuo Ishiguro, Richard Osman y Sarah Waters, apunta directamente a Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram, por el presunto empleo de libros pirateados para entrenar su nuevo modelo de lenguaje Llama 3.
El escándalo se desató tras la publicación de una investigación del medio The Atlantic, que reveló el uso de la base de datos LibGen (Library Genesis), una colección ilegal de más de 7,5 millones de libros digitalizados, como fuente para alimentar modelos de IA. Los escritores afirman que sus obras fueron utilizadas sin autorización ni compensación, una situación que califican de “explotación encubierta”.
En una carta abierta dirigida a la Secretaria de Estado británica, Lisa Nandy, los firmantes exigen que Meta rinda cuentas públicamente, que se reconozca el posible quebrantamiento de la ley de derechos de autor y que se garantice una compensación justa para los creadores afectados.
Un debate que trasciende lo legal: ¿puede una IA “leer” como una persona?
La controversia ha desatado un debate más profundo sobre el funcionamiento de la inteligencia artificial. ¿Es éticamente aceptable que un modelo de IA aprenda de obras protegidas por derechos de autor sin permiso, si técnicamente no copia texto literalmente?
“El problema no es que una IA aprenda como lo hace un humano, sino que lo haga sin las restricciones que sí afectan a las personas”, señalan desde la organización de autores. “Un lector puede aprender e inspirarse, pero una IA analiza y reproduce patrones a gran escala con fines comerciales”.
Este tipo de aprendizaje masivo plantea desafíos éticos inéditos. Los escritores temen no solo una vulneración de sus derechos, sino también una amenaza existencial a su profesión, ante modelos que podrían imitar sus estilos sin darles crédito.
Una demanda en EE.UU. y creciente presión internacional
La polémica no se limita al Reino Unido. En Estados Unidos, Meta enfrenta una demanda colectiva liderada por autores como Sarah Silverman y Ta-Nehisi Coates, que acusan a la compañía de usar contenido con conocimiento directo de su CEO, Mark Zuckerberg.
Mientras tanto, la Unión Europea y otras regiones también debaten marcos legales para regular el entrenamiento de IA. El temor compartido por el sector cultural es que la legislación acabe permitiendo el uso de contenido protegido bajo esquemas de exclusión voluntaria (opt-out), lo que obligaría a los autores a prohibir activamente el uso de su obra, en lugar de requerir permiso previo.
El reclamo de los escritores: transparencia y remuneración
Entre las principales demandas de los autores británicos se encuentran:
- Que Meta comparezca ante el Parlamento británico.
- Que se investigue y reconozca, de ser procedente, la violación de derechos de autor.
- Que se establezcan mecanismos de compensación económica para los afectados.
- Que se promulguen leyes claras para proteger la propiedad intelectual frente al desarrollo de IA.
Para muchos creadores, el respeto a la autoría es la base de cualquier economía creativa. “No se puede permitir que gigantes tecnológicos usen nuestras palabras para construir productos sin ofrecernos ni reconocimiento ni remuneración”, insisten.
¿Es posible una IA respetuosa con los derechos de autor?
Voces del sector tecnológico proponen modelos de licencias, similares a los ya existentes en música y cine. Bajo este esquema, las empresas de inteligencia artificial tendrían que pagar por usar textos protegidos, garantizando un ingreso a los creadores y permitiendo un desarrollo ético de la tecnología.
Este enfoque podría ofrecer un equilibrio entre innovación y respeto por la autoría, en un momento clave para definir los límites de la inteligencia artificial. “La IA puede ser una gran herramienta, pero no debe construirse sobre el robo del trabajo creativo ajeno”, concluyen desde la Society of Authors.
El debate está servido. A medida que los modelos generativos avanzan, crece la necesidad de establecer reglas claras que protejan a los creadores en un entorno digital cada vez más automatizado. El futuro de la creatividad, aseguran los autores, depende de ello.
Referencia: Wwwhat’s new