El juicio entre Elon Musk, Sam Altman y OpenAI está dejando al descubierto algo más que una disputa legal sobre la conversión de una organización sin ánimo de lucro en una estructura orientada al beneficio. Entre correos, mensajes internos, declaraciones previas al juicio y testimonios, aparece una figura que no está en el centro formal del litigio, pero sí en la mente de muchos de sus protagonistas: Demis Hassabis, cofundador y consejero delegado de Google DeepMind.
La lectura más fácil sería presentar el caso como otra batalla de egos en Silicon Valley. Lo es en parte. Pero también revela una preocupación más profunda: quién debe controlar el desarrollo de la inteligencia artificial general, cómo evitar una concentración excesiva de poder y por qué los fundadores de OpenAI veían a DeepMind como el rival que justificaba su propia existencia. El nombre de Hassabis aparece una y otra vez como símbolo de esa amenaza y de esa ambición.
El material difundido en el marco del caso Musk contra Altman muestra que DeepMind no era solo un competidor tecnológico para los primeros OpenAI. Era el espejo en el que se miraban. Según la cobertura de PC Gamer y The Verge, varios documentos internos reflejan el temor a que la carrera por la AGI terminara bajo el control de una sola empresa o de una sola persona, con Hassabis y Google como referencia principal.
De los videojuegos a AlphaFold
Demis Hassabis tiene una trayectoria poco habitual incluso para los estándares de la industria tecnológica. Antes de convertirse en una de las figuras más influyentes de la inteligencia artificial, trabajó en videojuegos. En Lionhead Studios fue programador principal de IA en Black & White, el juego de Peter Molyneux publicado en 2001. Después fundó Elixir Studios, responsable de títulos como Republic: The Revolution y Evil Genius.
Ese origen no es una anécdota menor. Los videojuegos han servido durante décadas como laboratorios de inteligencia artificial: entornos cerrados, con reglas definidas, objetivos claros y sistemas donde el aprendizaje por refuerzo puede probarse de forma intensiva. El propio Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, habría reconocido en su testimonio que los juegos ofrecían un entorno útil para entrenar sistemas de IA, con funciones de recompensa y objetivos bien delimitados, según la información publicada por PC Gamer.
La evolución de Hassabis desde los videojuegos hasta la ciencia dura culminó con AlphaFold. En 2024 recibió el Premio Nobel de Química junto a John Jumper y David Baker. Hassabis y Jumper fueron reconocidos por AlphaFold2, un sistema capaz de predecir estructuras de proteínas con un impacto enorme en biología computacional y descubrimiento científico.
Ese recorrido explica por qué su figura pesa tanto en la historia de OpenAI. Hassabis no representa solo a Google. Representa una forma de entender la IA como una disciplina que mezcla juegos, neurociencia, aprendizaje profundo, ciencia básica y productos de escala global. Para Musk, Altman, Sutskever y otros protagonistas de la primera OpenAI, DeepMind era el rival que había que alcanzar antes de que fuera demasiado tarde.
El miedo a una “dictadura de la AGI”
Uno de los fragmentos más citados procede de un intercambio de 2017 atribuido a Ilya Sutskever y Greg Brockman. En él se recoge la preocupación por evitar una “dictadura de la AGI” y se menciona el temor a que Demis pudiera crearla. The Verge resume ese documento como una advertencia dirigida también a Musk: si preocupaba que una persona controlara el futuro de la AGI desde DeepMind, tampoco tenía sentido diseñar OpenAI de forma que Musk pudiera concentrar ese mismo poder.
Ese punto es importante porque rompe una lectura demasiado simplista del caso. OpenAI nació en parte como contrapeso a Google DeepMind, pero sus fundadores también discutían cómo evitar que el remedio reprodujera el problema. El miedo no era únicamente que Google ganara la carrera. Era que cualquier actor, incluido Musk, Altman o un laboratorio rival, acabara con una capacidad desproporcionada para decidir el rumbo de una tecnología con consecuencias globales.
La figura de Ilya Sutskever aparece aquí como pieza central. Reuters informó esta semana de que el antiguo científico jefe de OpenAI declaró haber recopilado durante un año un documento de 52 páginas sobre supuestos problemas de honestidad de Sam Altman, un episodio ligado a la crisis interna que llevó a la destitución temporal de Altman en noviembre de 2023. Sutskever abandonó OpenAI en 2024 y dirige ahora Safe Superintelligence.
El juicio también está mostrando la dificultad de separar misión, poder y dinero. Musk acusa a Altman y OpenAI de alejarse del propósito fundacional al transformarse hacia una estructura con ánimo de lucro. OpenAI niega las acusaciones y sostiene que Musk actúa movido por intereses propios. The Guardian resume el proceso como una revisión pública de la cultura interna de OpenAI y del estilo de liderazgo de Altman, con declaraciones críticas de antiguos ejecutivos y consejeros.
DeepMind como sombra constante de OpenAI
La rivalidad con DeepMind aparece en varios momentos fundacionales de OpenAI. Musk declaró que el fichaje de Sutskever desde Google fue uno de los episodios que deterioró su relación con Larry Page. Según la información recogida por PC Gamer, Musk afirmó que Page, Sergey Brin y Hassabis intentaron retener a Sutskever, y que su marcha a OpenAI fue interpretada como una ruptura personal.
La obsesión con DeepMind tenía una base técnica. A mediados de la década de 2010, Google concentraba talento, capacidad de cómputo, datos y avances en aprendizaje profundo. Microsoft, según el testimonio de Nadella citado por PC Gamer, también seguía de cerca a DeepMind y al conjunto de esfuerzos de Google en IA, incluidos Google Brain y otros equipos de investigación.
OpenAI intentó competir por otra vía: talento independiente, ambición científica, una narrativa de beneficio para la humanidad y, más tarde, una alianza estratégica con Microsoft para acceder a infraestructura cloud. Esa combinación permitió a la compañía adelantar a Google en la percepción pública con ChatGPT, aunque el juicio recuerda que durante años el miedo principal en OpenAI era quedarse por detrás de Hassabis.
El contraste es llamativo. DeepMind avanzaba desde la investigación científica y los juegos hacia sistemas como AlphaGo y AlphaFold. OpenAI construía una identidad de laboratorio abierto, preocupado por el riesgo existencial, pero también por no perder la carrera. Con el tiempo, ambas organizaciones terminaron formando parte de gigantes corporativos: DeepMind dentro de Google y OpenAI profundamente vinculada a Microsoft.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma que aparece en esos mensajes antiguos: si la AGI llega algún día, ¿quién debe tener capacidad para dirigirla? La industria ha intentado responder con consejos de supervisión, estructuras híbridas, compromisos de seguridad, regulación, alianzas cloud y declaraciones de principios. Pero el juicio muestra que, desde el principio, también hubo rivalidades personales, luchas de control y miedo a que otro laboratorio llegara primero.
Demis Hassabis no necesita estar sentado en el banquillo para ser uno de los personajes centrales de esta historia. Su figura funciona como referencia técnica, rival estratégico y símbolo de una posibilidad incómoda: que la carrera por construir la IA más avanzada no dependa solo de modelos, chips y datos, sino de la confianza que la sociedad esté dispuesta a depositar en un puñado de personas.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Demis Hassabis?
Demis Hassabis es cofundador y CEO de Google DeepMind. Antes de dedicarse plenamente a la inteligencia artificial, trabajó en videojuegos como Black & White y fundó Elixir Studios, creadora de Republic: The Revolution y Evil Genius.
¿Por qué aparece en el caso Musk contra Altman?
Porque varios documentos y testimonios del litigio muestran que DeepMind y Hassabis fueron vistos durante años como el gran rival de OpenAI en la carrera hacia la inteligencia artificial general.
¿Qué significa “dictadura de la AGI”?
Es una expresión usada en documentos internos citados en el juicio para describir el temor a que una sola persona, empresa o estructura concentre el control de una futura inteligencia artificial general.
¿Qué tiene que ver Hassabis con el Nobel de Química?
Demis Hassabis compartió el Premio Nobel de Química de 2024 con John Jumper y David Baker. Hassabis y Jumper fueron reconocidos por AlphaFold2, un sistema de IA para predecir estructuras de proteínas.
vía: pcgamer













