Musk exige 150.000 millones a OpenAI en un juicio que puede redefinir la IA

El enfrentamiento entre Elon Musk, Sam Altman y OpenAI ha dejado de ser una batalla pública de reproches para convertirse en uno de los juicios más observados de Silicon Valley. Musk acusa a OpenAI, a Altman, a Greg Brockman y a Microsoft de haber traicionado la misión fundacional de la organización, creada en 2015 como entidad sin ánimo de lucro para desarrollar inteligencia artificial en beneficio de la humanidad.

La demanda ha llegado a juicio en un tribunal federal de Oakland, California, con una cifra que explica por sí sola la dimensión del caso: Musk reclama hasta 150.000 millones de dólares en daños a OpenAI y Microsoft, una cantidad que, según su planteamiento, iría destinada al brazo benéfico de OpenAI. También pide que la compañía revierta su estructura con ánimo de lucro y que Altman y Brockman sean apartados de sus puestos de dirección. OpenAI niega las acusaciones y sostiene que Musk actúa movido por intereses propios, después de abandonar la organización y lanzar su propia empresa de inteligencia artificial, xAI.

El origen del conflicto: una organización sin ánimo de lucro que cambió de escala

OpenAI nació en 2015 con un grupo de fundadores entre los que estaban Elon Musk, Sam Altman, Greg Brockman e Ilya Sutskever. Su objetivo declarado era investigar y desarrollar inteligencia artificial avanzada con una misión de beneficio público. Durante sus primeros años, Musk aportó financiación y visibilidad al proyecto. Según Associated Press, el propio Musk ha declarado en el juicio que invirtió alrededor de 38 millones de dólares entre 2015 y 2017, y que inicialmente buscó una participación mayoritaria y control del consejo, algo que afirma que habría diluido con el crecimiento de la entidad.

El punto de ruptura llegó con la transformación de OpenAI hacia un modelo híbrido. En 2019 se creó una estructura con ánimo de lucro limitado para captar capital y pagar el coste creciente del desarrollo de modelos de inteligencia artificial. Con el lanzamiento de ChatGPT en 2022 y la expansión de sus acuerdos con Microsoft, OpenAI pasó de ser un laboratorio conocido sobre todo en círculos técnicos a convertirse en una de las empresas más influyentes del mundo.

Para Musk, ese cambio vulneró la promesa original. Sus abogados sostienen que OpenAI habría abandonado la finalidad benéfica para convertirse en una organización orientada al beneficio económico de sus directivos e inversores. En la apertura del juicio, el equipo legal de Musk llegó a afirmar que Altman y otros responsables habían “robado una caridad”, una expresión que resume la tesis central de la demanda: la organización habría captado recursos y talento bajo una misión pública para después construir un gigante privado.

OpenAI ofrece una lectura opuesta. La compañía afirma que siempre ha seguido gobernada por una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la misión de desarrollar AGI en beneficio de la humanidad. En su página pública sobre el caso, OpenAI sostiene que los 38 millones de dólares aportados por Musk fueron donaciones deducibles fiscalmente, no una inversión que le diera derecho a propiedad, y acusa al empresario de utilizar los tribunales para perjudicar a un competidor.

Lo que se juega: dinero, control y el modelo de OpenAI

La reclamación económica es enorme, pero el alcance del caso va más allá del dinero. Musk no solo pide daños y perjuicios. También quiere que OpenAI vuelva a ser una entidad puramente sin ánimo de lucro y que Altman y Brockman pierdan sus funciones de liderazgo. Si un tribunal aceptara una parte sustancial de esas pretensiones, el impacto podría afectar a la estructura corporativa de OpenAI, a su relación con Microsoft y a sus posibles planes de salida a Bolsa.

La cifra exacta aparece con matices según las fuentes. Reuters y ABC News hablan de 150.000 millones de dólares, mientras que otros medios han citado importes en torno a 134.000 millones para determinadas reclamaciones o estimaciones de beneficios indebidos. La diferencia refleja la complejidad de los remedios solicitados y de las fases del proceso, pero el fondo es el mismo: Musk busca una compensación de escala histórica y una reordenación profunda de OpenAI.

El caso gira ahora en torno a dos grandes líneas legales: enriquecimiento injusto y vulneración de un trust o compromiso benéfico. Fortune informó de que Musk retiró antes del juicio algunas reclamaciones por fraude, dejando el foco en esas dos vías. La decisión del jurado tendrá carácter consultivo en parte del proceso, y la jueza Yvonne González Rogers decidirá los remedios definitivos si concluye que las pretensiones de Musk tienen base.

Microsoft también aparece en el centro del caso por su papel como socio estratégico e inversor de OpenAI. Musk acusa a la tecnológica de haberse beneficiado de la transformación de OpenAI y de sus acuerdos comerciales. Microsoft niega haber actuado de forma indebida y defiende que su relación con OpenAI ha permitido escalar tecnología que, de otro modo, no habría podido desarrollarse al mismo ritmo.

Una pelea personal con consecuencias para toda la industria

La disputa tiene una dimensión personal evidente. Musk y Altman pasaron de colaborar en la creación de OpenAI a enfrentarse por el control, el rumbo y el sentido de la compañía. OpenAI sostiene que Musk quiso en su momento una estructura con ánimo de lucro y más control sobre la organización, y que abandonó el proyecto cuando no logró imponer esa visión. La empresa ha publicado correos y documentos internos para defender esa tesis.

Musk, por su parte, presenta el caso como una defensa de la misión original y de la seguridad de la inteligencia artificial. En su testimonio, según AP, afirmó que llegó a pensar que Altman quería “robar la caridad” y criticó que OpenAI pasara a estar valorada en cientos de miles de millones de dólares tras un cambio estructural que, a su juicio, desnaturalizó el proyecto.

El juicio también llega en un contexto de competencia directa. Musk fundó xAI en 2023, empresa que desarrolla Grok y compite en el mismo mercado de modelos avanzados, asistentes conversacionales e infraestructura de inteligencia artificial. Esa circunstancia forma parte de la defensa de OpenAI, que interpreta la demanda como una maniobra para ralentizar a un rival. Musk rechaza esa lectura y sostiene que el caso trata sobre la finalidad de una entidad fundada para beneficiar al público.

Más allá de las motivaciones personales, el proceso toca una cuestión de fondo que afecta a toda la industria: cómo se financia una tecnología que cuesta decenas de miles de millones de dólares sin perder su misión pública, si la tiene. OpenAI argumenta que necesitaba una estructura capaz de atraer inversión para competir en modelos fundacionales, centros de datos, talento y chips. Musk responde que ese cambio no podía hacerse a costa de la promesa inicial de apertura y beneficio colectivo.

El resultado no resolverá por sí solo el debate sobre la gobernanza de la inteligencia artificial, pero puede fijar límites. Si el tribunal acepta que una organización tecnológica nacida como entidad benéfica puede ser reconducida por la vía judicial cuando se comercializa de forma agresiva, otros laboratorios de IA tendrán que mirar con más cuidado sus estatutos, promesas fundacionales y estructuras de capital. Si OpenAI gana, el mensaje será distinto: la adaptación corporativa puede considerarse legítima si no existe una obligación vinculante de permanecer como organización puramente sin ánimo de lucro.

El juicio se espera que dure varias semanas y contará con testimonios de figuras clave del sector tecnológico. Entre los nombres mencionados por varios medios están Altman, Brockman, Satya Nadella e Ilya Sutskever. La decisión final llegará en un momento en el que OpenAI, xAI, Google, Anthropic, Meta y otros actores compiten por liderar una nueva fase de la inteligencia artificial, con modelos más caros, agentes más autónomos y una presión creciente sobre infraestructuras, regulación y confianza pública.

La pregunta que subyace al caso es sencilla y difícil a la vez: quién puede controlar una organización creada para un fin público cuando esa organización se convierte en una de las compañías más valiosas del mundo. Musk lo plantea como una traición. OpenAI lo presenta como una evolución necesaria. El tribunal tendrá que decidir si hubo una promesa jurídica incumplida o si la historia es, sobre todo, la ruptura amarga entre dos fundadores que acabaron queriendo cosas distintas de la misma empresa.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dinero reclama Elon Musk a OpenAI y Microsoft?
Musk reclama hasta 150.000 millones de dólares en daños, aunque algunas informaciones han citado importes de unos 134.000 millones para determinadas pretensiones. Según su planteamiento, cualquier compensación iría al brazo benéfico de OpenAI.

¿Qué exige Musk además del dinero?
Pide que OpenAI vuelva a ser una entidad sin ánimo de lucro y que Sam Altman y Greg Brockman sean apartados de sus puestos de liderazgo.

¿Cuál es la defensa de OpenAI?
OpenAI sostiene que las aportaciones de Musk fueron donaciones, no inversiones con derecho de propiedad, y afirma que la organización sigue gobernada por una entidad sin ánimo de lucro dedicada a su misión original.

¿Por qué este juicio importa para la industria de la IA?
Porque puede influir en cómo se estructuran los laboratorios de inteligencia artificial que nacen con misiones públicas, pero necesitan capital privado para competir a gran escala.

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