China pone límites al despido por Inteligencia Artificial: la automatización no puede ser excusa

China acaba de enviar una señal que puede marcar el debate laboral de los próximos años: una empresa no puede despedir a un trabajador simplemente porque una herramienta de Inteligencia Artificial haga su trabajo de forma más barata. La decisión parte de un caso juzgado en Hangzhou, uno de los grandes polos tecnológicos del país, y afecta a un empleado que, de forma casi irónica, trabajaba revisando respuestas generadas por modelos de Inteligencia Artificial.

El fallo no debe interpretarse como una nueva ley nacional que prohíbe cualquier despido relacionado con la automatización. La lectura correcta es más precisa, y también más interesante: los tribunales chinos han considerado que introducir Inteligencia Artificial es una decisión empresarial voluntaria y que, por sí sola, no equivale a una “circunstancia objetiva” que haga imposible mantener el contrato laboral. Si una compañía decide automatizar para reducir costes, no puede trasladar todo el coste de esa decisión al trabajador.

El caso de Zhou: entrenar a la máquina que acabó sustituyendo su puesto

El protagonista del caso es Zhou, un supervisor de control de calidad de 35 años que trabajaba en una empresa tecnológica de Hangzhou. Su tarea consistía en revisar respuestas generadas por modelos de Inteligencia Artificial, comprobar si eran correctas, detectar errores y filtrar contenidos problemáticos o contrarios a la normativa. En la práctica, su trabajo ayudaba a mejorar la fiabilidad del sistema.

Según la información difundida por medios chinos a partir de los casos publicados por el Tribunal Popular Intermedio de Hangzhou, Zhou cobraba 25.000 yuanes al mes, unos 3.200 euros al cambio aproximado. La empresa alegó que el proyecto en el que trabajaba se había visto afectado por los avances de la Inteligencia Artificial y le propuso un cambio de puesto con una rebaja salarial hasta 15.000 yuanes mensuales. Zhou no aceptó la reducción. Al no alcanzarse un acuerdo, la compañía decidió rescindir su contrato.

El trabajador acudió primero a arbitraje laboral y después a los tribunales. Tanto en primera instancia como en apelación, la justicia le dio la razón. La empresa fue condenada a pagar una indemnización por despido improcedente de más de 260.000 yuanes, al entenderse que la sustitución por Inteligencia Artificial y el ahorro de costes no bastaban para justificar la ruptura unilateral del contrato.

La clave jurídica está en que el tribunal no niega a las empresas el derecho a modernizarse, introducir nuevas herramientas o reorganizar procesos. Lo que rechaza es que esa modernización sirva como una vía rápida para bajar salarios de forma drástica o expulsar trabajadores sin una justificación laboral suficiente. La empresa podía negociar, recolocar, formar o plantear una reorganización razonable. Lo que no podía hacer, según el criterio judicial, era usar la Inteligencia Artificial como coartada automática.

Una sentencia que llega en un momento delicado para el empleo

El caso ha ganado atención porque llega cuando la automatización empieza a sentirse en el mercado laboral chino. La Inteligencia Artificial ya no solo afecta a programadores o perfiles muy técnicos. También alcanza a correctores, operadores, personal de atención al cliente, revisores de contenido, diseñadores, analistas, administrativos y trabajadores que ayudan a entrenar o supervisar sistemas automatizados.

El contexto económico aumenta la sensibilidad. En marzo, la tasa de paro urbano entre jóvenes chinos de 16 a 24 años, excluidos estudiantes, subió al 16,9 %. Entre los trabajadores de 25 a 29 años, también sin contar estudiantes, alcanzó el 7,7 %, la cifra más alta desde que China revisó su metodología y empezó a publicar ese grupo por separado. Esa franja es especialmente importante porque agrupa a personas que ya han terminado sus estudios y deberían estar consolidando sus primeros años de carrera.

El mensaje del tribunal encaja con una preocupación creciente: si una empresa puede hacer que sus empleados documenten procesos, revisen datos, entrenen sistemas y después despedirlos alegando que la máquina ya aprendió suficiente, el incentivo queda completamente desequilibrado. El trabajador ayuda a crear la herramienta que reduce su valor dentro de la empresa, pero no participa en los beneficios de esa mejora ni recibe una transición justa.

Por eso el caso de Zhou importa más allá de su indemnización. Dibuja una línea: la Inteligencia Artificial puede cambiar un puesto, pero no borra automáticamente los derechos laborales. Si una empresa decide implantar tecnología, debe gestionar el cambio con medidas razonables. Eso puede incluir formación, recolocación interna, negociación real, compensación adecuada o una reorganización documentada. La eficiencia no convierte cualquier despido en legal.

China no frena la Inteligencia Artificial, pero exige repartir el coste

La decisión no significa que China esté frenando su desarrollo tecnológico. De hecho, el país compite con Estados Unidos, Europa y Japón por liderar la Inteligencia Artificial, los chips, la robótica y la automatización industrial. Hangzhou, donde se ha conocido el caso, es una de las ciudades más activas del país en empresas digitales, comercio electrónico y modelos de Inteligencia Artificial.

La diferencia está en la forma de encajar esa tecnología dentro del mercado laboral. El tribunal admite que la innovación forma parte de la actividad empresarial, pero recuerda que no puede convertirse en un “escudo” para vulnerar derechos. Si la automatización es una decisión de negocio, sus costes deben formar parte de la planificación de la empresa. No pueden recaer de golpe sobre el trabajador mediante una degradación salarial o un despido sin garantías.

Esta idea será cada vez más relevante. Muchas compañías venden internamente la Inteligencia Artificial como una forma de ahorrar plantilla. Otras la presentan como una herramienta de productividad, pero acaban reduciendo equipos cuando el sistema empieza a funcionar. En ambos casos, aparece la misma pregunta: quién se beneficia de la mejora y quién paga la transición.

La sentencia china no resuelve todo el debate. No explica qué ocurre cuando una empresa está realmente en crisis, cuando desaparece una línea de negocio completa o cuando una reorganización afecta a cientos de personas. Tampoco convierte cada puesto amenazado por la Inteligencia Artificial en intocable. Su alcance es más concreto: reemplazar a una persona por una herramienta más barata no basta, por sí solo, para justificar un despido.

El contraste con Estados Unidos y Europa

La comparación con Estados Unidos es inevitable. En gran parte del país rige el empleo “at will”, que permite a una empresa despedir a un trabajador sin necesidad de causa específica, siempre que no vulnere normas contra la discriminación, represalias ilegales u otras protecciones concretas. En ese marco, no existe una protección federal general que impida sustituir a un empleado por Inteligencia Artificial.

Sí hay iniciativas estatales y propuestas regulatorias. En California, por ejemplo, se han planteado medidas para exigir avisos previos cuando una empresa elimine puestos por Inteligencia Artificial o automatización. Algunas propuestas hablan de plazos de 90 días para determinados despidos colectivos vinculados a estas tecnologías. También se han aprobado normas sobre el uso de sistemas automatizados en decisiones laborales, sobre todo desde la óptica de la discriminación y la transparencia.

Europa avanza por otra vía. El Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea clasifica como de alto riesgo ciertos sistemas usados en empleo, selección de personal y gestión laboral, lo que obligará a más controles, documentación y supervisión humana. Pero eso no equivale a una prohibición directa de despedir por automatización. La protección concreta dependerá de las leyes laborales de cada país, la negociación colectiva y la forma en que los tribunales interpreten estos casos.

La decisión de Hangzhou introduce un enfoque distinto: no se centra solo en si el algoritmo discrimina, sino en si la empresa puede usar la tecnología como razón suficiente para romper una relación laboral. Esa diferencia es importante. El debate sobre Inteligencia Artificial en el trabajo no se limita a sesgos en contratación o vigilancia de empleados. También afecta al reparto del poder dentro de la empresa cuando una herramienta permite producir lo mismo con menos personas.

Un aviso para empresas y trabajadores

Para las empresas, el mensaje es claro: automatizar no puede ser una operación improvisada de recorte de costes. Si una herramienta de Inteligencia Artificial cambia un puesto, la compañía debe documentar la necesidad real, negociar de buena fe, ofrecer alternativas razonables y evitar reducciones salariales desproporcionadas. La tecnología puede justificar cambios organizativos, pero no cualquier cambio.

Para los trabajadores, el caso muestra la importancia de no aceptar sin más que “la Inteligencia Artificial ha sustituido tu puesto” sea una explicación suficiente. La automatización puede alterar tareas, pero la legalidad de un despido depende del procedimiento, de la causa, de las alternativas ofrecidas y de las normas laborales aplicables en cada país.

También deja una lección incómoda para quienes trabajan entrenando, corrigiendo o supervisando modelos. Muchos empleos vinculados a la Inteligencia Artificial tienen una contradicción interna: mejoran sistemas que pueden reducir la necesidad de mano de obra humana. Eso no significa que esos trabajos no tengan futuro, pero sí que deberían ir acompañados de más protección, formación continua y reglas claras sobre movilidad interna.

El caso de Zhou no detendrá la automatización. Ningún tribunal puede hacerlo por sí solo. Pero sí plantea una idea que otros países tendrán que afrontar: si la Inteligencia Artificial aumenta la productividad, las ganancias no pueden concentrarse siempre arriba mientras el riesgo cae siempre abajo. La transición tecnológica necesita reglas. De lo contrario, millones de trabajadores pueden descubrir que su contribución a entrenar sistemas inteligentes fue también el principio de su expulsión.

Preguntas frecuentes

¿China ha prohibido todos los despidos por Inteligencia Artificial?
No. Lo que ha ocurrido es que un tribunal de Hangzhou ha considerado ilegal despedir a un trabajador usando únicamente como argumento que su puesto podía ser sustituido por Inteligencia Artificial más barata.

¿Qué le pasó al trabajador Zhou?
Trabajaba revisando respuestas de modelos de Inteligencia Artificial y cobraba 25.000 yuanes al mes. La empresa quiso moverlo a otro puesto con una rebaja salarial hasta 15.000 yuanes. Él se negó y fue despedido. Los tribunales le dieron la razón.

¿Puede una empresa reorganizar puestos por tecnología?
Sí, pero debe hacerlo con criterios razonables, negociación, alternativas y respeto a los derechos laborales. La adopción de Inteligencia Artificial no elimina por sí sola las obligaciones de la empresa.

¿Existe una protección similar en Estados Unidos o Europa?
En Estados Unidos no hay una protección federal general contra el reemplazo por Inteligencia Artificial. En Europa, el Reglamento de Inteligencia Artificial introduce obligaciones para sistemas usados en empleo, pero la protección frente al despido depende de cada legislación laboral nacional.

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